El amor como ilusión
Luigi Pirandello, amigo de éste blog, decía que no nos fue dada ni existe ninguna realidad, sino que tenemos que hacérnosla nosotros y si queremos ser, tenemos, pues que hacer eso, construir nuestra realidad. Una realidad que no será jamás para todos una, sino continua e infinitamente mudable. Él, y aquí viene lo interesante, creía que éste construir nuestras realidades, es decir, éste no ser las realidades las mismas para todos y ésta mudabilidad de la realidad impedía que nos conociéramos verdaderamnete. Impedía que nos entendiéramos. Nadie dice lo que dice, nadie oye lo que oye; y él se lo explicaba a su esposa, que era una señora muy sencilla y que creía conocerlo cabalmente, y le decía "yo te conozco tanto, Luis", y Pirandello le explicaba que no, que nadie conoce a nadie, que es imposible, que el que creía conocer ella, no existe, es otro; y ella, que no gustaba de esa clase de pensamientos, se enojaba con él. Me acordaba de ésta anécdota (que leí hace poquito) y pensaba que ésto que parece tremendo, el no poder verdaderamente conocernos, quien sabe si no es nuestra máxima fortuna. Después de todo, es preferible, una construcción de quien nos conoce. ¿Qué otra cosa es el amor, sino eso? Construir al objeto amado, dotarlo de virtudes que no tiene, un engaño concertado, bah, pero tal vez es mejor eso. ¿Qué importa si la persona que amamos no es como creemos? Lo que vale es la creencia, y lo que opera es la creencia, lo que nos hace enamorarnos, lo que desata nuestro corazón es aquello de lo cual estamos convencidos, no la realidad. ¿Qué sabemos cuál es la realidad después de todo? Lo mismo la persona que nos ama, es decir, no debemos, o no deberíamos esforzarnos en cambiar la opinión que la persona que nos ama tiene de nosotros y sustituir el engaño de ella por el engaño nuestro. O sea, utilizamos los engaños que mejor funcionan, acaso la verdad nos mataría de un susto...

